13 de agosto de 2008

Las bicicletas no son para el verano

Esta mañana me llamó mi amiga Lola. Mi amiga Lola está un poco loca, la verdad. Es de esas personas a las que siempre les pasa de todo, hasta el punto que uno ya no sabe si su problema es que tiene mala suerte o que busca meterse en todos los líos posibles para luego tener algo que contarnos a los amigos.

Ahora le ha dado por decir que la ciudad está más llena de gente que en invierno. “Pero ¿cómo va a haber más gente que en invierno, Lola? Eso es una tontería”, le digo yo. Pero ella insiste.

“¡Qué sí, que hay más gente!”, me contesta.

Y continúa, “o eso es que simplemente hay más gente en la calle. Chica, puede que sea la crisis, que la gente este año no tiene dinero para irse de vacaciones y entonces se pasa el día en la calle dando vueltas a pie o en coche”.

Por muy descabellado que parezca lo que Lola te cuente, ella siempre se mantiene en sus trece como si lo que dijera fuera totalmente lógico.

“Mira”, me dice, “esta mañana salí con el coche a las diez de la mañana. Las diez no es hora punta, ¿a que no? Pues tardé casi tres horas en llegar desde el puerto a la fuente luminosa, ¿tú lo ves normal? Y por el camino me pasó de todo, un taxista me insultó por ir por el carril bus-taxi que está yendo hacia Julio Luengo. Y yo venga a explicarle que aquel carril ya no es bus-taxi, que lo leí un día en tu periódico. Porque, eso salió, ¿verdad? Que yo lo leí”.

“Sí, sí salió”.

“Pues vete y díselo al taxista, que no veas el pollo que me montó. Luego, sigo conduciendo y me paro en el semáforo de delante de la BP de León y Castillo”.

“Pero ¿para qué vas por ahí hacia la fuente luminosa en vez de coger la autovía?”.

“Pues porque por la autovía tengo que cerrar la ventanilla del coche y entonces no puedo fumar”. “Muy lógico”, le digo irónica, pero ella se lo toma en serio.

“Claro”, me contesta. Y continúa, “pues, lo que te iba diciendo, me paré en el semáforo de delante de la BP, con el cigarro por fuera de la ventanilla, como siempre. Pues se para a mi lado un coche de los municipales y baja el tío la ventanilla y me mira. Yo lo miro. Y me hace un gesto con la mano como imitando el movimiento de tirar la ceniza del cigarro. Yo miro a mi cigarro y hago el gesto y tiro la ceniza. Y me dice el tío que si no tengo cenicero en el coche. 'Pues no', le contesté, que ya sabes tú que no tengo. Y me dice que ése no es motivo para ensuciar la calle. ¿Tú te crees? Vamos a ver, que yo sepa está prohibido tirar la colilla del cigarro, pero no la ceniza. Si es lo que me faltaba. Pues me cabreé, le di un último tiro al cigarro, lo tiré al suelo y cerré la ventanilla. ¿Pues no se baja el tío y me pone una multa? Si es que los municipales cada día están más chulos”.

“Es que tú también, ¿para qué le provocas?”. “Si no lo hice por provocar, que fue que me cabreé y quería cerrar la ventanilla, y para eso tenía que tirar el cigarro”. “Ya te vale”. “Pues total, que ya que estaba al lado del Ayuntamiento decidí pararme a hacer un pliego de descargo por la multa”.

“¿Un pliego de descargo? Pero, si tiraste la colilla en las narices del policía”.

“Sí, pero él me provocó y eso es inducción al delito”.

Tuve que contenerme las carcajadas.

“Bueno, lo que te decía, que fui al Ayuntamiento. Pues di como cuatro vueltas por Ciudad Jardín buscando aparcamiento y nada. ¿Ves como hay más gente? No es normal que no haya aparcamiento en verano en Ciudad Jardín. Este año no se han ido de vacaciones ni los ricos, lo que yo te diga. Total, que al final tuve que meter el coche en el parking del Ayuntamiento, que, por cierto, ponía que estaba completo pero a mí me dio el tiquet, a ver cómo te lo explicas”.

“Bueno, ¿y qué pasó?”.

“Pues, nada, que después de más de una hora de cola pude hacer el pliego de descargo, que casi le pongo una reclamación al funcionario que no paraba de reírse con lo que le estaba contando”.

“No me extraña”.

“La otra. Bueno, pues cuando salí para coger otra vez el coche, ¿a que no sabes cuánto me cobraron por hora y pico en el parking?”.

“Unos tres euros”.

“¡Tres con cincuenta! No me digas que te parece normal”.

“No, pero es lo que cobran siempre”.

“Pues me parece una barbaridad”.

“¿No subirías a poner otra reclamación?”.

No, pero estuve tentada. No subí porque me iban a cobrar más caro aún el parking, que si no…”.

“¿Y qué más te pasó, a ver?”.

“Sí, pues nada, que cogí con el coche hacia la fuente luminosa y va y se me planta delante uno de esos de las bicis amarillas”.

“La biciambiental”.

“Sí, eso. El tío conduciendo la bici por todo el centro del carril. Y yo detrás, a diez. ¿Te lo puedes creer? Y encima no había manera de adelantarle porque todo el carril de la izquierda iba a tope. Le toqué la pita y el tío, el muy torpe, perdió el equilibrio y se calló. Casi me lo trago con la defensa, tuve que pegar un frenazo. Pues el que venía detrás me dio. Y no veas la que se montó. El de le bici que dice que tenía que darle el seguro porque se había caído por mi culpa, que digo yo que ¿desde cuando hay que dar el seguro a una bici? Y el de atrás que me había dado por culo diciendo que no me daba el seguro porque la culpa era mía por dar un frenazo. Al final tuve que llamar a los municipales”.

“Como si lo viera, vino el del cigarro”.

“Sí. Y se puso chulo de narices. Media hora estuvimos allí discutiendo. Al final nos fuimos todos sin el seguro del otro y vamos a tener que ir a juicio, porque encima el de la bici empezó a decir que le dolía el cuello y tuvo que venir la ambulancia a llevárselo. Todo cuento, lo que yo te diga, con tal de cobrar hacen lo que sea estos mamones”.

¡Qué follón!”.

“Pues sí. Total, que cuando llegué a la fuente luminosa era la una y media y justo acababa de cerrar mi peluquería favorita, con lo que no pude hacerme las mechas ni peinarme para esta noche”.

“¿Todo ese follón lo armaste por ir a la peluquería?”.

“¡Eh! Que yo no tuve la culpa. Y sí, iba a la peluquería. Pero al final no pude llegar, así que esta noche no cuentes conmigo para salir, que yo no salgo con estos pelos”.

“Ya te vale. Pues nada, Lola, avísame mañana si logras acicalarte”.

“Eso está hecho”.

"Y ya me contarás en qué quedan tus juicios y pliegos de descargo”.

“Te mantendré informada”.