13 de septiembre de 2008

¡La culpa es de los chinos!

Eso dice Lola. Está empeñada en que todos los males que aquejan al mundo son culpa de los chinos. Cosas que se le meten a ella en la cabeza y a ver quién se las quita. La crisis, “la culpa es de los chinos”, ella está segura. Su teoría: “pues que son muchos, que comen mucho arroz y, claro, para cultivar tanto arroz se usa mucho combustible y, claro, se acaba, y sube, y luego lo pagamos nosotros”. Una experta en macroeconomía, sin duda.

El otro día no podéis imaginaros la que murga que me dio después de una visita a las rebajas del Corte Inglés. Su otra teoría: “la ropa de rebajas es la que hacen los chinos”. Y no le expliques que Tailandia no es China, porque le da igual, “todos chinos”. El caso es que nos fuimos de rebajas al Corte, porque a ella no hay quien la meta en un Zara o un Berska, “que está todo hecho en China”. No, ella, al Corte Inglés, “que tiene las fábricas en Cataluña y hacen la ropa con el argodón que se recoge en mi tierra”. ¿Olvidé decirles que Lola es andaluza? Pues eso.

Total, que nos compramos un par de trapitos baratos en el Corte Inglés. Al día siguiente nos fuimos de marcha para estrenar las prendas (siempre hay un buen motivo para ir de marcha con Lola) y a mitad de la noche me llevó histérica al baño.

“¡Mira esto!” me dijo alterada señalando un lado de su camiseta.

“¿Qué pasa?”.

“Que se ha descosido, ¿no lo ves?”.

Se había descosido, efectivamente.

“Pues ahora no me digas que la culpa es de los Chinos, que la etiqueta ponía 'Made in Spain.

“Falsificao. ¡Seguro! Mañana mismo me voy al OMIC a denunciarlo”.

Y vete a discutirle. Aunque, lo del OMIC, la verdad, lo vi bien, porque tampoco es normal que se descosa una camiseta recién comprada por muy de rebajas que sea.

La verdad es que al día siguiente tampoco pudo ir, porque era sábado y nos fuimos de romería. Lola no había venido nunca a una romería en Gran Canaria, aunque sí conocía alguna en Tenerife. Cuando apareció en mi casa por poco me entra un ataque de risa.

“¿Qué pasa? ¿Que no voy bien?”.

“Que sí mujer, que estás perfecta”, le dije yo tratando de contenerme las risas. Tendrían que haber visto lo que parecía con aquella falda de tomatera, la enagua blanca por encima de los tobillos, que debía quedarle corta, y la camisa típica cerrada hasta el gaznate. Le ayudé a remangarse la falda por los lados y a ponerse el pañuelo y allá que nos fuimos bien peripuestas.

Bueno, el día que me dio. “De mago se va vestido, no disfrazado”, se tiró diciendo toda la tarde, rememorando el antiguo anuncio del Cabildo de Tenerife que había visto en sus años por la isla de enfrente.

“¿Aquí no echaban ese anuncio o es que en Gáldar no lo vieron?”.

“No. Ese anuncio era del Cabildo de Tenerife y además aquí la gente no se viste de mago, sino de romeros o de típicos”, trataba de explicarle yo.

“Pues sí, vamos, súper típicas que me van las muchachas, con las camisas anudadas bajo las tetas o con camisetas de tirantes y debajo las faldas de romera. Pero, ¿habrase visto cosa igual? Esto es una vergüenza”, seguía ella indignada.

Y yo venga a decirle que se callara que nos iban a linchar.

“¿Pero tú las has visto? ¿Te imaginas a una romera vistiendo así en la época? La quemaban en la hoguera por lo menos”.

“Bueno, mujer, alguna habría así”.

“Sí, las devotas de la Virgen la Magdalena, que en lo de romeras cambiaban la o por la a”.

¡Lola!”

Y entonces llegó la bendita frase: “Si es que la culpa es de los chinos”.

“Pero, ¿qué tienen que ver los chinos con esto ahora?”.

“¿Que qué tienen que ver? Tú date una vueltita por Visanta o por el Kilo y verás. Todos los trajes típicos copiados por los chinos. Los venden por dos duros. Si a mí éste me costó cerca de cien euros y es sencillito, pues allí los venden completos por treinta euros. Todos 'Made in China”.

“Bueno, mujer, eso es cosa de la oferta y la demanda, y tú lo has dicho, los venden completitos, luego cada una se los pone como le da la gana”.

“Porque los compran de los chinos. Verías tú si se hubieran gastado de cien euros para arriba en el traje cómo se ponían todo en su sitio y con hasta el último complemento”.

“Los tiempos cambian, Lola. ¿Me lo dices tú, que en tu tierra cambian de moda con el traje cada año?”.

“Eso es diferente, el traje de flamenca se puede variar, pero a ninguno le falta sus volantitos, sus collares, su peineta y su flor. Y a nadie se le ocurre vestir un traje 'Made in China' pa’ la Feria. ¡Qué vergüenza! Ni una de las tresmil se lo compra de los chinos. Se lo hace su madre con retales, antes que ponerse una cosa de'sas”.

Y razón tiene, que lo he visto yo con mis propios ojos. Que en Sevilla ya puede estar una sin tener donde caerse muerta, que el traje de flamenca se lo compra a la modista y si lo tiene que pagar a plazos, pues a plazos se paga, pero que nadie vaya a decir que ibas mal vestida. Idiosincrasias varias, digo yo.

Lo mismo en Tenerife, que hasta llevar gafas de sol o el pañuelo mal amarrado está mal visto entre los puristas. En Gran Canaria, sin embargo, eso del traje da más igual. Que hace calor, pues se remanga una la camisa, se abre bien el escote o se enfunda una camiseta de asillas, en vez de la típica de lino blanco, y a beber, que en eso consiste. Si no le falta razón a Lola en asombrarse.

“Pero, la culpa, de los chinos”.

“Que no mujer, que ellos sólo se buscan la vida como pueden. De algo tendrán que comer”.

“Pues que coman arroz que para eso lo plantan y que hagan trajes de Geishas y dejen los típicos tranquilos, que así nos va”.

Qué le vamos a hacer… Lola y sus ideas fijas.