Ayer me llamó aceleradísima. Ni hola me dijo. "Vanessa, ¿tú sabes cuánto ha costado el Belén de Arena de Las Canteras?", me pregunta de sopetón. "Pues creo que eran unos 130.000 euros, ¿por qué?".
"¡¡¡¡¿¿¿130.000 euroooos???!!!! Pero, ¿cómo es posible que se paguen 130.000 euros por esa birria y que nadie diga nada? ¡¡¡Con la que han 'montao' por el árbol de hidrógeno!!!".
"Pero, ¿cómo que por esa birria, Lola? El Belén de Arena es una tradición en la capital. Siempre se hace y es muy bonito".
"¿Tú lo has ido a ver este año?".
"No, aún no. ¿Qué pasa?".
"Pues pasa que eso me pongo yo en un rato con un cubo y una pala y te lo hago gratis. Tanto artista internacional y tanta leche para hacer eso... ¡Por favor! Si son cuatro cubos de arena tallados como cuando en el colegio nos hacían hacer figuritas en los jabones de lavar... Y 130.000 euros por eso... Manda narices..."
"Bueno, Lola, a la gente le gustan estas cosas. Pero, además, no te entiendo, el otro día estabas cabreada por el árbol de hidrógeno, ahora con el Belén de Arena. ¿Qué te pasa?".
"Me pasa que es todo un desastre y que yo me voy a volver pa' mi Sevilla porque esto ni es espíritu navideño ni es nada. Primero me ponen bombonas de hidrógeno al lado de casa por 40.000 euros, que tú dirás que no pasa nada, pero yo llevo sin dormir desde el viernes, porque como eso explote mi casa se va al carajo. Y ahora el belén ese horroroso y carísimo".
El caso es que Lola se enteró de lo del árbol de hidrógeno y desde entonces están amargadita. Pánico le tiene a las bombonas de hidrógeno que alimentan en árbol. "¡Que eso explota y morimos todos!", dice ella. Y yo venga a decirle que no pasa nada, que está muy controlado. Pero ya saben, la pobre es hipocondriaca perdida y miedosa por naturaleza.
"Es que así no hay quien se innunde de espíritu navideño. Entre el disgusto del árbol, que voy a San Telmo a ver el nacimiento y está metido dentro de unas vallas, que todavía no lo abren, que los comercios no han 'decorao' más que la mitad... Me fui a Las Canteras a ver el Belén, que el año pasado fue súper bonito, que de lo lindo que era se me saltaron las lágrimas y casi estropeo las figuritas con el agua de mis llantos; y este año llego y me encuentro ese espanto... ¡Porque es un espanto!", me chilla por ekauricular.
"Bueno, ¿y qué quieres que te haga yo, Lola, por dios?".
"Pues quiero que salgas prontito de trabajar hoy que me vas a acompañar a comprar un árbol de navidad en condiciones, con todas sus bolitas tradicionales, sus lucesitas que parpadéen y su niñito Jesús debajo en el pesebre, junto al buey y la mula. Lo monto y lo miro todas las noches una hora para que se me quite el espanto navideño de esta ciudad, porque si no me voy a coger una depresión".
"Vaaale, tranquila, esta noche te recojo y nos vamos de compritas navideñas".
"Pero a tiendas buenas, nada de chinos, ¡eh!".
"Sí, mujer, tranquila, nada de chinos".
"Vale -me dice haciendo pucheros- pues te espero luego".
"Hasta luego, Lola".


