12 de agosto de 2009

De colas, obras y un brazo quemado...

Madre mía, el mosqueo que tiene Lola hoy. Acaba de llamarme histérica, que se ha pasado "una hora de reloj, pero una hora, ¡eh!, que no exagero...", atascada en la calle La Naval.

"Y los 'munipas' pa'arriba y pa'abajo, pero aquello que no avanzaba. Y yo venga a apagar y encender el motor del coche, para no gastar gasolina... Pero vamos, que esto no puede ser, ¿qué hace tanta gente allí? ¿Y por qué están todas las calles que conectan con Juan Rejón cortadas?", me dice indignada.

"Pero, Lola, ¿tú no te has enterado de que están haciendo obras en la calle Albareda y que se están montando unas colas tremendas?", le explico.

"Pues, no, primera noticia", me dice. "No te digo yo que no te lees los periódicos...", le contesto enfadada. "Bueno, vale, ya lo sé, pero es que no tengo tiempo, así que explícame a qué viene este desastre, ¡que he llegao tarde a la peluquería y casi no me atienden!", me contesta.

"Pues viene a que están haciendo obras de saneamiento en la calle Albareda y por eso la tienen cortada entera", le contesto.

"¿Pero qué tendrá que ver la calle Albareda? Que yo te estoy hablando de La Naval, que intentaba incorporarme a Juan Rejón y todas las calles de acceso estaban cortadas: Perez Muñoz, Artemi Semidan, Benicharo... No había manera. Me obligaron a ir hasta el final de La calle Naval para volver por Juan Rejón. Cuando yo no quería ir a Albareda, sino salir por General Balmes...".

"Pues ni idea hija... Ahí lo han cerrado todo, yo tampoco me explico muy bien por qué".

"Pues vaya gracia, ya está Momo tocando las narices en verano otra vez... Si es que esta gente no cambia... ¡Y a mi teletransportador municipal, ni caso que le han hecho! Que intenté ir a enseñárselo a Momo y ¡ni me quiso recibir! Si lo hubiera hecho, estas cosas no pasaban...".

Yo me parto y le digo "pero, Lola, que esa idea era una locura, ¿cómo crees que van a construir teletransportadores bajo la ciudad? ¿Tú sabes cuanto se gastarían en eso?"

"¿Y lo que me gasto yo en gasolina con el coche en marcha mientras espero en la cola, qué? Y encima, cuando llegué a la peluquería me dijo la peluquera que van a hacer lo mismo con Más de Gamide, que me queda al lado de casa... Al final verás que me voy a tener que apuntar a eso de las bicicletas amarillas, ¡con lo que las odio!", me suelta.

"Pues mira mujer, a lo mejor así bajas un poco de peso", le contesto yo con toda mi buena intención. "¡Pero bueno! ¿Me estás llamando gorda? ¿Tú de que vas? ¡Qué ataque más gratuito!", me suelta la mujer indignada.

"Uy, que no, Lola, no te lo tomes así... Si yo lo decía por salud... Que es muy saludable ir en bici...".

"Lo saludable es llegar a tiempo a los sitios, que si no me entra el ataque de nervios, me pongo histérica y me como las uñas, se me arruga la cara y me sale acné nervioso de ése -que todavía estoy porque el dermatólogo me explique que tienen que ver los granos con los nervios- y así si que no estoy ni saludable ni guapa ni nada de nada. Que es que este Ayuntamiento a mí lo que quiere es matarme y dejarme soltera. Porque ya me dirás tú qué hago yo ahora con un lado moreno y el otro no...".

"¿Cómo con un lado moreno y el otro no? ¿De qué hablas?", le pregunto.

"Pues, ¿de qué voy a hablar? Del atasco...". "Pero, Lola, ¿qué tiene que ver el atasco con tu moreno?". "Coño, pues que de tanto rato en la cola, con el brazo por fuera de la ventanilla, al final se me ha quemado el brazo izquierdo, y el derecho más blanco que la leche... Que ahora voy a tener que ir a la playa con pantalla total en un brazo y aceite bronceador de zanahoria sin protección en el otro, para igualar..."

Me descojono de la risa y le digo "bueno, Lola, tú no te preocupes que yo salgo ahora mismo a comprarte una camista de esas con una sola manga y la otra descubierta y así, cuando vayas conduciendo te pones la manga en el brazo izquierdo y poco a poco se te irá bajando la quemazón".

"Pues mira, no es mala idea. ¿Y eso dónde se compra?".

"¡Lola! ¡Que era broma!"
, le chillo muerta de risa.

"Mira, vete por ahí. Me voy a mi dermatólogo a que me mire el brazo, que seguro que hasta me sale un cáncer ahora..."

"Vale, Lola, vale. Vete y ya me cuentas, que seguro que me voy a reir mucho con lo que te diga el dermatólogo".

"Sí, cuando tengas que venir conmigo a quimioterapia verás como te ríes. Ala, adiós".

Y nada, así me ha despedido. Eso sí, luego me mandó una foto que sacó con el móvil del atasco para que viera que no se lo inventaba. Ahí la pueden ver. Y, la verdad, aunque está muy mal de la cabeza, algo de razón tiene mi Lola en quejarse...